“Para
hacer posible los procesos de cambio de las personas, para que tengan
posibilidades de formar parte de la sociedad (o de volver a ella si
fueron segregados), para que puedan recuperar su autonomía,
necesitan que se les ofrezca ser acompañadas, necesitan que se les
atienda en clave de acompañamiento.”
Israel
Alonso y Jaume Funes.
En
el panorama de las profesiones dedicadas al trabajo sobre los otros
(Francois Dubet) el dilema es el siguiente: Escuchar
el sufrimiento del otro, o evaluarlo en silencio.
El
acompañamiento social surge precisamente con motivo de animar una
escucha, una posibilidad de enunciación subjetiva. Frente
a los procesos de homogeneización de una práctica regida por la
normativización excesiva, irrumpe la figura del acompañamiento para
poder escuchar la particularidad de cada caso y poder pensar.
Pensar
que en el trabajo con el otro hay que sostener el registro de una
creencia, confiar
que uno no sabe lo que el otro necesita
pero
que hay algo que puede hacerse si nos detenemos a escuchar, a
acompañarlo en su propia enunciación sobre aquello que ni él ni
nosotros sabemos.
Por
otra parte se trata de una metodología que se presenta, por un lado,
más cuidadosa y capacitadora que otras, en lo que tiene que ver con
la reestructuración del lazo social de los individuos y la mejora en
su calidad de vida.
Ya que encarna, frente a las exigencias de la integración y la
reeducación, un Otro social más acogedor, más dispuesto a la
escucha y al respeto de los tiempos subjetivos de la persona. Lo que
genera, de la otra parte, una mejor disposición para el cambio
subjetivo y la elaboración de soluciones particulares por parte de
las personas atendidas.
Comisión
Marco Teórico Aldarrikatu
10
de Diciembre 2012











